La gestion de curriculums en las empresas

Los abogados expertos en despidos y en derecho laboral.
¿Un puesto libre?

Con esto de la mal llamada crisis (que en realidad es un estafa a todas luces) y como cada vez hay más personas en situación de desempleo, están con muy buen criterio entregando cientos de curriculums diarios en todo tipo de empresas, que no siempre están buscando trabajadores, y que en muchos casos no saben qué hacer con tanto curriculum como les llega.

Hay empresas que conforme les llegan los pasan por la destructora de documentos sin dudarlo siquiera.

Otras sin llegar a leerlos, los meten en una caja o en varias, que sólo en una se llena rápido.

Las hay que incluso los leen y luego los clasifican o al menos se quedan con los de aquellas personas a las que tal vez, existe la posibilidad de que puedan llamar en un futuro más o menos cercano.

Y las hay que aún cuando de momento no piensen en contratar a nadie, al menos se dignan a enviar una carta o un correo electrónico, comunicando a los candidatos que serán tenidos en cuenta en futuros procesos de selección. Son empresas que tienen en cuenta que esos candidatos a la búsqueda de un empleo, también son en muchos casos clientes.

Y por supuesto que también hay empresas que en todo momento andan buscando trabajadores, por ejemplo editores, dado que la venta de libros es algo que en todo momento necesitan de personal para cubrir puestos comerciales, aunque yo más que como actividad principal, donde veo un montón de ventajas es como complemento a otro tipo de actividades, y se me ocurre el ejemplo de alquien que vende muebles, y también los libros con los que muchas personas decoran esos muebles del salon.

Libros por metros, algo que me extraña que aún no esté inventado, y que para mi al menos, podría ser un buen negocio.

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A veces no hay quien entienda a la gente.

Yo llevo más de diez años alquilando viviendas y oficinas para residir y/o instalar mi oficina, y ni un solo día de mi vida, se me ha pasado siquiera por la cabeza dejar de pagar el alquiler.

Para mí eso es como echar gasolinera, e irse sin pagar. O no abonar la consumición del bar…

Sirven miles de ejemplos.

Sin embargo, algunas personas, tienen la osadía de convertirse en morosos de forma voluntaria sin que les pese lo más mínimo, ni se preocupen por semejante cuestión.

¿Pero cómo se atreven?

Es justo lo que le ha pasado hace unos días a mi hermano Andrés.

Andrés tiene un local comercial en la costa, y hace cinco años se lo alquiló a una empresa para montar un restaurante. El negocio ha funcionado muy bien desde el principio y siempre tiene cola de clientes para comer allí.

Y todo fue bien con el alquiler, hasta que hace unos meses, el inquilino –de pronto- dejó de hacer los pagos mensuales a que venía obligado por contrato.

Mi hermano habló con él y el arrendatario le explicó que tenía problemas con otro negocio y que lo antes posible se pondría al día.

Pero pasaron los días y la deuda no sólo no menguó, sino que fue aumentando.

Antes de iniciar acciones legales, una amiga de mi hermano que es abogada, le redactó un burofax requiriéndole de pago y advirtiéndole que de no hacerlo efectivo, el propietario acudiría al Juzgado y solicitaría el desahucio del local.

El inquilino, al recibirlo, le contestó muy sorprendido que él iba a pagar cuando pudiera y que a él nadie podía echarlo del negocio, porque llevaba allí mucho tiempo.

Estaba convencido de que –pagara o no- el lanzamiento era imposible. Sí, vamos, que pretendía quedarse para siempre en el local, en cualquiera de los casos.

Cuando finalmente le fue notificada la demanda, se tuvo que asesorar y descubrió el gran error en el que estaba, y ahí ya sí se tomó el tema bastante en serio.

El problema ya se ha solucionado, por suerte, pero recuerdo que en su momento, Andrés estuvo muy inquieto, porque su amiga la abogada no llevaba juicios de ese tipo y él no conocía ningún abogado de confianza.

Yo me había divorciado el año pasado y le recomendé que hiciera lo que a mí me dijeron: consultar en la web legal.

Allí encontré con facilidad a un abogado especialista en el tema que me interesaba, que me prestó un servicio inmejorable.

Andrés pensaba que eso no era muy fiable y que cualquiera podía estar anunciado en internet sin ofrecer garantías de profesionalidad. Pero al final me hizo caso y se dio cuenta de que la web que le recomendaba era bastante seria.

Encontró un buen profesional especializado en derecho civil y desahucios, de modo que en pocos meses cobró la deuda de alquileres impagados que el inquilino acumulaba y le resolvió el contrato.

Ahora, tiene un nuevo arrendatario, que le paga el doble que el anterior, y el mismo abogado se ocupó de formalizar el negocio, redactar el contrato, y llevar a cabo todas las gestiones necesarias.

Mejor imposible.