El cerrajero en los lanzamientos

Más de un año hacía ya que no veía ni sabía nada de mi amigo Adolfo el abogado. Él y yo nos conocimos cuando  me estaba divorciando de mi segunda esposa, ya que Adolfo se ocupó de mi caso, que al final fue todo un éxito. Desde entonces nos hicimos buenos amigos porque, casualidades de la vida, compartíamos sin saberlo aficiones comunes como el golf y el padel.

Adolfo es propietario de un despacho de abogados donde llevan asuntos muy variados y prestan un servicio multidisciplinar al cliente, de modo que lo mismo te tramitan la declaración de la renta, que te llevan las nóminas de tu negocio, que te representan y asisten en juicio o que te dan soluciones extrajudicales si les planteas algún conflicto. Son estos profesionales, abogados que a mí me inspiran mucha confianza y que siempre que les he necesitado me han atendido bien y rápido.

Ese día que me encontré a Adolfo, le dije que le invitaba a un vino y lo aceptó, de modo que entramos al bar más próximo y nos sentamos a charlar.

Me contó que venía de un lanzamiento, que es ese procedimiento por el cual el juez y el secretario judicial se presentan en la vivienda de alguien a quien han desahuciado, bien porque no paga el alquiler, bien porque ocupa algún inmueble indebidamente. Y que había pasado muy mal rato, porque el juez, después de tocar el timbre y preguntar una y otra vez, desde detrás de la puerta de la vivienda, si había alguien y de no obtener respuesta, ordenó a los cerrajeros venidos de Málaga a que abrieran la puerta.

El cliente de Adolfo era el propietario del piso y el lanzamiento se llevaba a cabo porque dicho cliente tenía un inquilino que lleva diez meses sin pagarle ni un solo euro del alquiler. El arrendatario ni siquiera se presentó a juicio y la sentencia ordenó el desahucio y el lanzamiento, que estaba previsto para esa mañana.

Los cerrajeros, siguiendo la orden del juez, sacaron sus herramientas de trabajo y con la profesionalidad que les caracteriza, abrieron la puerta después de cinco minutos. Acababan de hacerlo cuando una mujer que estaba dentro del piso, de forma sorpresiva y muy rápida, atacó a uno de los cerrajeros con un palo y le abrió una brecha en la cabeza.

Por fortuna, la policía estaba allí y rápidamente intervinieron y se llevaron a la mujer, que tenía un ataque de histeria.

A veces -pensé- la profesión de los cerrajeros también conlleva peligros que yo no podía imaginar. La herida de aquel hombre al final, según me contó Adolfo, no fue grave, pero tuvieron que darle incluso algunos puntos de sutura.