Vignoli Laffitte & Lublinerman Uruguay

Aunque sólo ocurrió hace dos años, ahora tengo la sensación de que fue un momento pasado muy lejano en el tiempo.

Y lo que en ese instante me pareció el fin del mundo, hoy me provoca risa y una serena indiferencia.

Veinte años de amor junto a Belén, y de un día para otro me dijo que ya no me quería y que nuestra historia se había terminado.

“¿Por qué?” –pregunté.

“Porque me he enamorado de Beatriz –me respondió- y nos vamos a casar dentro de un mes”.

Al principio creí que era una broma, pero tardé poco en descubrir que iba muy en serio.

Por si aquel encontronazo con la realidad no hubiera sido suficiente, para colmo, cuatro días después mi jefe me convocó a una reunión en su despacho y lamentó mucho comunicarme que mi contrato de trabajo quedaba rescindido con fecha de efectos al día siguiente.

Sin familia, sin casa (nuestro hogar era una vivienda propiedad de Belén), sin trabajo, sin apenas ahorros y sin entender nada, abandoné mi pasado con unas cuantas maletas y un gran dolor de cabeza.

Al principio mi madre me acogió en su casa, muy contenta de recuperar a su retoño de casi cuarenta años. Pero por mucho que se esforzó en cuidarme y devolverme a mi tierna infancia, yo no levantaba cabeza.

Mi primera urgencia fue buscar un nuevo empleo, pero como yo estaba especializado en un lenguaje de programación muy específico y poco usado, no encontré empresas que demandaran mis servicios, así que terminé repartiendo pizzas en moto por las noches para una conocida empresa de restauración de la ciudad.

No daba crédito a todo lo que me estaba ocurriendo.

Una noche, me salté un semáforo para entregar un envío de pizzas que llegaba con retraso y choqué con un coche de la Guardia Civil de Tráfico.

Mira que podía haber chocado con cualquier otro, pero no: fue con ellos. No los vi venir y ellos no pudieron frenar a tiempo.

Además de la bronca, la multa  y la retirada del carnet, me gané dos costillas rotas y un esguince de tobillo.

Pero supongo que el destino quiso que las cosas transcurrieran así, porque en mi estancia en el hospital, conocí a Javier, mi vecino de habitación, que tenía el fémur partido por dos sitios, tras caerse de su bicicleta cuando bajaba una cuesta a ochenta kilómetros por hora. Frenó para no atropellar a una ardilla y la bicicleta no pudo soportar la brusca frenada… “Está loco”- diréis. Pues sí, lo está.

Pero a los dos días de conocerlo, me sentí totalmente fascinado por él, y al final ocurrió lo que yo jamás imaginé: nos enamoramos.

Ahora sí que entiendo a Belén…

Javier me habló en el hospital de toda su vida y los últimos días de nuestra estancia allí me habló de su proyecto de ir a Uruguay.

Su sueño era montar allí una gran empresa dedicada a crear el mayor zoológico  de última generación del mundo, donde las más diversas especias pudieran convivir en un entorno equivalente al paraíso, porque Javier es un gran amante de los animales y de la naturaleza.

Me convenció para marcharme con él y hoy estamos felizmente casados, viviendo en Uruguay. Hemos arrancado este increíble proyecto, que ha suscitado un gran interés, y que cuya ejecución no hubiera sido posible sin la gran ayuda de Vignoli Laffitte &
Lublinerman.

Porque cuando llegas a un país extraño, te encuentras con las mismas dudas (multiplicadas por mil) que cuando intentas montar un negocio en el tuyo: ¿qué debo hacer para crear una empresa? ¿Puedo constituir una sociedad anónima o es mejor otra entidad? ¿Qué licencias necesito? ¿Qué impuestos tengo que pagar? ¿Qué servicios notariales debo requerir? Y sobre todo:

¿Quién puede ayudarme a hacer tantas cosas? Javier preguntó a varios amigos uruguayos y todos le recomendaron sin vacilar que acudiera a Vll Lublinerman, porque en sus manos podríamos quedarnos con la tranquilidad de trabajar con los mejores profesionales.

Y así ha sido. Sin ellos, este gran proyecto no sería posible.

Esperamos ilusionados que llegue el gran día en que podamos ver como se abren las puertas del Gran Zoológico del Sol Feliz.