¿Para qué sirve el registro civil?

El fallecimiento de una persona produce numerosos efectos, ya sean de índole emocional, personal e incluso jurídica.

Desde mi experiencia profesional como abogado durante quince años, puedo constatar que los familiares de los fallecidos normalmente se encuentran muy desorientados en todos estos aspectos. Al dolor de la pérdida y el duelo, se le unen el desconocimiento sobre los trámites a seguir de todo tipo: gestiones con la funeraria, obtención de certificados médicos y de defunción, proceso de apertura de testamentos, averiguación de actos de última voluntad, etc…

En esos momentos tan difíciles de por sí es, cuando más que nunca, los afectados necesitan contar con el apoyo de un asesor.

Las primeras informaciones suelen llegar por medio de las funerarias. Explican varias cuestiones a los familiares que más adelante será necesario ampliar con el correspondiente profesional.

Cuando los herederos llegan al fin al despacho del letrado, básicamente quieren saber qué tienen que hacer y qué dice la Ley sobre herencias.

Recuerdo interminables reuniones de este tipo, y puedo decir que las he vivido de casi todas las características: desde encuentros con personas civilizadas que vienen a informarse, hasta auténticas batallas campales entre miembros de una misma familia que mantienen fuertes enfrentamientos en relación con la herencia del difunto.

Son momentos difíciles –en este último caso- en que el abogado se ve en la obligación de actuar como árbitro o mediador. Y sin éxito, la mayoría de las veces.

El primer paso importante que debemos dar tras el fallecimiento de una persona, es conseguir un certificado de defunción. Con él, podremos conocer si la misma dejó o no testamento. Alguno de sus familiares, podrá solicitar un certificado de actos de última voluntad en el correspondiente registro.

Este certificado nos informa sobre qué testamento o testamentos ha hecho el causante y en qué fecha y notaría. Si no hubiera hecho ninguno, el certificado también nos informará al respecto.

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Una vez conocidos los testamentos, por Ley, será el último realizado el que tenga validez.

Un heredero, podrá acudir a la notaría ante la que se realizó el testamento y pedir una copia del mismo, con objeto de conocer su contenido y de qué manera ha decidido el difunto disponer de sus bienes.

Aquí a veces llegan las primeras sorpresas y el comienzo de un futuro gran conflicto.

Otras veces, no hay nada especial y todo sigue su cauce con normalidad.

La apertura y adjudicación de la herencia se puede hacer la mayoría de las veces ante notario. En otros supuestos, la Ley obliga a acudir al Juzgado, pero se trata de un procedimiento sencillo y que no dura demasiado teniendo en cuenta la lentitud habitual de los tribunales.

Eso sí, cuando algún heredero no está conforme con las disposiciones del fallecido o con el reparto de la herencia, se puede iniciar un pleito de otra naturaleza.

He tenido clientes que han pasado años y años pleiteando por cuestiones de herencias. El más complejo que recuerdo consistía en una guerra familiar por unas parcelas de tierra en la campiña sevillana. Los herederos no se ponían de acuerdo en los límites de cada terreno, porque el causante tampoco lo había dejado claro en el testamento. Uno de dichos herederos falleció en el proceso, lo que dio lugar a que la guerra se traspasara a sus hijos. Me jubilé yo hace cinco años y todavía estaban en los tribunales discutiendo sobre mojones y hectáreas. No sé cómo habrá acabado aquella historia. Y la verdad es que no tengo mucha curiosidad.